Crónica “El último martes con los primeros” : Justicia juvenil, testimonios de experiencia.

Crónica el último martes 31-10-17

“JUSTICIA JUVENIL, TESTIMONIOS DE EXPERIENCIA”

“Justicia Juvenil, Testimonios de Experiencia” ha sido el título de la nueva conferencia del ciclo “El último martes, con los primeros”, impartida por Pedro López Ferri, subdirector de la “Colonia San Vicente Ferrer” de Godella Valencia, que presta atención integral a adolescentes en conflicto con la ley, que ha tenido lugar este 31 de octubre y que está organizada por la Parroquia Nuestra Madre del Dolor y el Colegio Fundación Caldeiro de Madrid.

El P. Elkin presentó a Pedro López, licenciado en sociología y diplomado en trabajo social, codirector del “Máster de Prevención e Intervención con adolescentes en Riesgo y Violencia Filio Parental” de la Universidad de Valencia, en colaboración con la Cátedra Amigó, como una persona comprometida con los niños y adolescentes desde hace más de veinte años y fiel valedor del adolescente, de sus potencialidades y posibilidades.

El ponente presentó la Colonia San Vicente Ferrer, gestionada por los amigonianos desde hace más de 75 años, como un centro de reeducación, y nos habló de las características del centro, de sus objetivos y organigrama, de las características de los adolescentes ingresados y de los grupos educativos, de los horarios y fases de la intervención educativa, de los diferentes programas educativos y de las actividades formativas grupales externas.

El centro educativo atiende a adolescentes de 14 a 18 años, con medida judicial de internamiento por el Juzgado de Menores, ya sea internamiento cerrado, semiabierto, abierto, terapéutico, de convivencia en grupo educativo o libertad vigilada, que puede compatibilizar con otras medidas posibles de medio abierto: arrestos de fin de semana, tareas socio educativas, prestaciones sociales en beneficio de la comunidad o arresto domiciliario.

Pedro indicó que los objetivos que se pretenden son: crear un ambiente que provea a los adolescentes de las condiciones educativas adecuadas para desarrollarse personalmente, incidiendo en sus capacidades cognitivas, conocimientos, actitudes e intereses; ofrecer a los jóvenes un espacio en el que reestructurar y desarrollar su proceso de identidad personal, ayudándoles a madurar; facilitar la integración en el entorno social y familiar, incidiendo especialmente en la comprensión y manejo de los conflictos intrafamiliares.

A continuación, nos habló de los principios pedagógicos en que se basan: son grupos educativos de funcionamiento autónomo, formados por educadores y educandos, con intento de representación educativo-familiar, de enfoque educativo, intervención individualizada y progresiva, fe en sus posibilidades, ambiente afectivo y cercano, pero con normas y consecuencias claras y con una estructura diaria claramente definida.

Pedro habló de las fases de la intervención educativa: la acogida y adaptación, la intervención y la reinserción. La fase de acogida pretende realizar una observación inicial del menor para detectar necesidades educativas, establecer lazos afectivos y de familiaridad con los educadores y con los compañeros de su grupo educativo, y concienciar al menor de su situación personal y del objetivo del internamiento.

Resumió que el estilo educativo durante la intervención se caracteriza por un enfoque educativo-terapéutico y socializador, un modelo de intervención personalizado, el afán de búsqueda del desarrollo integral de la persona, el carácter progresivo y gradual del tratamiento, la integración dentro de un grupo familiar, la responsabilidad progresiva en la organización de la residencia y de la vida en el centro, y la implicación directa del equipo educativo en la dinámica del grupo.

¿Es posible educar en la afectividad? El ponente se expresó afirmativamente y manifestando que no sólo es posible, sino que es lo deseable pedagógicamente hablando y una obligación profesional en el trabajo diario. Así lo constatan los mejores resultados que se consiguen en el tratamiento educativo y el reconocimiento por parte de los propios menores en diferentes evaluaciones practicadas.

El ponente manifestó que el educador se debe caracterizar por aceptar a los adolescentes tal y como son, establecer una relación de confianza, ser motivantes y motivadores, no caer en el excesivo paternalismo ni en el autoritarismo desmesurado, y empatizar con los adolescentes, pero sin perder de vista que somos su referente, no uno de ellos.

En resumen, la misión educativa amigoniana pretende educar desde la cercanía y confianza mutua del educador y educando dentro de ciertos límites, educar desde el corazón, mediante una relación empática y terapéutica, y teniendo como principal preocupación la de “incitar al adolescente al cambio y estimular su promoción”.

Sin tiempo para más, Pedro enumeró los programas educativos y talleres terapéuticos que desarrollan y las actividades formativas grupales externas: liga máster, teatro, taller de arte, “camino colonia”, “clinbing colonia”, APS, circo social, rugby, fútbol “escoles cor blanquinegre”, baloncesto escuela de vida. Todas ellas buscan la educación en valores y la transformación personal y social.

En el diálogo abierto final se retomó el tema del seguimiento tras la finalización de la medida judicial. Es necesario observar los resultados de la intervención a corto y medio plazo y ver si dichos resultados se mantienen a lo largo del tiempo, preparando su regreso al entorno familiar y social, coordinándose con los recursos externos para el seguimiento formativo y laboral, y contactando con las familias y los mismos jóvenes para informarse de su situación personal, social y familiar.

Carlos Sagardoy Azagra